¿Por qué las gliflozinas siguen infrautilizadas en pacientes de alto riesgo?




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/ Publicado el 15 de junio de 2026

Protección multiorgánica temprana

Pese al respaldo de múltiples guías internacionales, miles de pacientes elegibles siguen sin recibir una de las estrategias más eficaces para reducir eventos cardiorrenales.

Pese al respaldo de múltiples guías internacionales, miles de pacientes elegibles siguen sin recibir una de las estrategias más eficaces para reducir eventos cardiorrenales.

Comentario experto - Dr. Gonzalo Pérez

La evidencia actual demuestra un beneficio consistente de los inhibidores SGLT2 en la reducción de eventos clínicos en pacientes con insuficiencia cardíaca, diabetes tipo 2 y enfermedad renal crónica. En consecuencia, las principales guías internacionales les otorgan recomendaciones de máxima jerarquía en distintos escenarios cardiovasculares, metabólicos y renales.

Sin embargo, los registros de práctica clínica muestran que su utilización continúa siendo inferior a la esperada. El documento revisa las principales barreras que limitan su implementación y propone un algoritmo práctico orientado al screening de pacientes candidatos y a la incorporación temprana de esta estrategia terapéutica.


Del control glucémico a la protección orgánica


El síndrome cardiovascular-renal-metabólico describe un continuo fisiopatológico caracterizado por la interacción entre los sistemas cardiovascular, renal y metabólico. En este contexto, la alteración de uno de estos componentes puede acelerar el deterioro de los demás y favorecer la progresión de enfermedad. El aumento global de la diabetes tipo 2, la enfermedad renal crónica y la insuficiencia cardíaca ha convertido a este síndrome en un desafío creciente para los sistemas de salud.

Los inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2 (SGLT2) fueron desarrollados inicialmente para el tratamiento de la diabetes tipo 2. Sin embargo, la evidencia acumulada durante los últimos años mostró beneficios que trascienden el control glucémico e incluyen reducción de hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca, enlentecimiento de la progresión renal y disminución de eventos cardiovasculares en diversos escenarios clínicos.

El trabajo revisa la evidencia disponible y las recomendaciones emitidas por sociedades científicas internacionales como la American Diabetes Association (ADA), Kidney Disease: Improving Global Outcomes (KDIGO), European Society of Cardiology (ESC), American Heart Association (AHA) y American College of Cardiology (ACC). Estas organizaciones han ampliado progresivamente las indicaciones de esta clase terapéutica en pacientes con riesgo cardiovascular y renal.

Las guías actuales las posicionan como terapias fundamentales para la protección cardiovascular y renal en múltiples escenarios clínicos.

Las recomendaciones incluyen personas con diabetes tipo 2 y alto riesgo cardiovascular, insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida o preservada, enfermedad renal crónica y enfermedad coronaria establecida. En varios de estos contextos, los beneficios observados no dependen de la presencia de diabetes, lo que refuerza su papel dentro de una estrategia integral de protección orgánica.


La distancia entre evidencia e implementación


A pesar de la consistencia de los datos clínicos y del respaldo de las guías, la utilización de inhibidores SGLT2 continúa siendo inferior a la esperada. Los autores destacan que una proporción considerable de pacientes con indicación potencial permanece sin recibir estos tratamientos en la práctica cotidiana.

El registro italiano Annali AMD 2024, que incluyó más de 1,5 millones de personas con diabetes tipo 2, informó que únicamente el 41,9% utilizaba inhibidores SGLT2. Asimismo, más de la mitad de los pacientes con deterioro de la función renal y aproximadamente un tercio de aquellos con albuminuria no recibían esta estrategia terapéutica.

En el ámbito de la cardiología también se observaron diferencias relevantes. El registro BRING-UP 3 mostró tasas de utilización del 84,4% en insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida, 72,1% en fracción levemente reducida y 50,1% en fracción de eyección preservada. Otros registros internacionales documentaron cifras aún menores en determinadas poblaciones con alto riesgo cardiovascular.

Los datos procedentes de nefrología mostraron resultados similares. El registro CURE-CKD evidenció una baja utilización basal de esta familia farmacológica, mientras que otros estudios observaron retrasos en el inicio del tratamiento y discontinuaciones tempranas en pacientes con enfermedad renal crónica.

La infrautilización de estos fármacos se observa de manera consistente en diferentes ámbitos asistenciales y especialidades médicas.

Los autores señalan que esta situación no parece limitarse a una única clase farmacológica. Por el contrario, la interpretan como parte de una dificultad más amplia para implementar de manera efectiva tratamientos respaldados por la evidencia y recomendados por las guías clínicas.


Barreras persistentes en la práctica clínica


Entre los obstáculos identificados destaca la fragmentación de la atención. Con frecuencia, pacientes con factores de riesgo cardiovasculares, renales y metabólicos son evaluados por distintas especialidades sin una estrategia coordinada que permita reconocer tempranamente la progresión del síndrome.

La inercia terapéutica constituye otro factor relevante. La edad avanzada, la fragilidad, la polifarmacia y la coexistencia de múltiples enfermedades suelen asociarse con retrasos en la indicación de tratamientos potencialmente beneficiosos.

Los autores también describen interpretaciones erróneas de algunos efectos esperables del tratamiento. Uno de los ejemplos más frecuentes es la disminución inicial del filtrado glomerular observada tras el inicio de la terapia, fenómeno que suele generar preocupación a pesar de tratarse de un efecto hemodinámico reversible descrito en los estudios clínicos.

El descenso inicial del filtrado glomerular debe interpretarse en el contexto clínico adecuado y no necesariamente como un indicador de daño renal.

Las infecciones genitourinarias continúan siendo una de las causas más frecuentes de interrupción. No obstante, el artículo destaca que suelen ser eventos leves y manejables, que rara vez requieren suspensión definitiva del tratamiento cuando se acompañan de medidas preventivas y educación adecuada.

Asimismo, se identifican situaciones que requieren seguimiento más estrecho, como pacientes con riesgo de depleción de volumen, hipotensión postural, enfermedad aguda intercurrente o períodos de ayuno prolongado relacionados con procedimientos quirúrgicos.


Hacia un modelo asistencial integrado


Los autores proponen avanzar hacia modelos de atención orientados a la detección temprana y a la estratificación sistemática del riesgo cardiovascular, renal y metabólico. Para ello recomiendan incorporar de manera rutinaria parámetros como presión arterial, filtrado glomerular estimado, albuminuria, hemoglobina A1c, perfil lipídico y variables antropométricas.

La identificación precoz de alteraciones subclínicas permitiría implementar intervenciones antes de la aparición de daño orgánico irreversible. Según los autores, este enfoque requiere una coordinación más estrecha entre atención primaria, cardiología, nefrología y diabetología.

La detección anticipada de factores de riesgo constituye uno de los ejes centrales del modelo cardiovascular-renal-metabólico propuesto.

El trabajo también subraya la importancia de la educación de los pacientes. Comprender que los beneficios de estas terapias exceden el control glucémico puede contribuir a mejorar la adherencia y facilitar la toma de decisiones compartidas.

Los médicos de atención primaria ocupan un papel estratégico dentro de este esquema. Su capacidad para identificar indicadores tempranos, solicitar estudios básicos y coordinar derivaciones oportunas resulta fundamental para optimizar la implementación de las recomendaciones actuales.

La disponibilidad de algoritmos sencillos, circuitos asistenciales definidos y mecanismos eficaces de comunicación entre especialidades aparece como un componente necesario para reducir las brechas observadas entre la evidencia científica y la práctica clínica.


Conclusiones


El síndrome cardiovascular-renal-metabólico plantea la necesidad de integrar condiciones que históricamente fueron abordadas de manera separada. Dentro de este escenario, los inhibidores SGLT2 han demostrado beneficios consistentes sobre insuficiencia cardíaca, enfermedad renal crónica y riesgo cardiovascular en múltiples perfiles de pacientes.

Los autores identifican como principal desafío la implementación efectiva de la evidencia disponible en la práctica clínica cotidiana.

La coordinación multidisciplinaria, la detección temprana del riesgo y el fortalecimiento de estrategias educativas aparecen como elementos centrales para favorecer una utilización más amplia y oportuna de estas terapias en personas con riesgo cardiovascular, renal y metabólico elevado.

*Dr. Gonzalo Pérez. Médico cardiólogo. Miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) y de la Sociedad Interamericana de Cardiología (SIAC)


Fuente: Intramed
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Publicó: Administrador