Nuevas guías de síndrome cardio-reno-metabólico AHA/ACC 2026




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/ Publicado el 15 de junio de 2026

Una visión integrada del riesgo

La obesidad, la diabetes, la enfermedad renal crónica y las afecciones cardiovasculares forman parte de una red biológica interconectada. Un nuevo documento propone abordarlas de manera conjunta para optimizar las decisiones terapéuticas y anticipar complicaciones.

La obesidad, la diabetes, la enfermedad renal crónica y las afecciones cardiovasculares forman parte de una red biológica interconectada. Un nuevo documento propone abordarlas de manera conjunta para optimizar las decisiones terapéuticas y anticipar complicaciones.

Con el objetivo de reflejar esta realidad clínica, la American Heart Association (AHA) introdujo en 2023 el concepto de síndrome cardio-reno-metabólico (CKM, por sus siglas en inglés), definiéndolo como un trastorno sistémico caracterizado por la interacción entre factores de riesgo metabólicos —especialmente la obesidad y la diabetes tipo 2—, la enfermedad renal crónica y la enfermedad cardiovascular. Esta visión integradora busca superar el abordaje fragmentado tradicional y promover estrategias de prevención y tratamiento centradas en el riesgo global del paciente.

En junio de 2026, la AHA, el American College of Cardiology (ACC), la American Diabetes Association (ADA) y la American Society of Nephrology (ASN) publicaron la primera guía de práctica clínica específicamente dedicada al síndrome cardio-reno-metabólico. El documento propone un marco unificado para la detección precoz, la estratificación del riesgo, la prevención y el tratamiento de esta condición a lo largo de todo el curso de vida. Además, incorpora herramientas modernas de evaluación del riesgo cardiovascular, enfatiza la importancia de la obesidad como enfermedad crónica, integra de manera explícita la evaluación de la función renal y reconoce el papel de los determinantes sociales de la salud en la progresión del riesgo.

La relevancia de este enfoque es considerable. Se estima que la gran mayoría de los adultos presenta al menos un factor de riesgo relacionado con el síndrome cardio-reno-metabólico, mientras que el aumento global de la obesidad, la diabetes tipo 2 y la enfermedad renal crónica anticipa una carga creciente de enfermedad cardiovascular en las próximas décadas. Frente a este escenario, la nueva guía propone un cambio conceptual: dejar de pensar en enfermedades aisladas para comenzar a evaluar y tratar un continuo biológico integrado.

En este artículo se resumen los principales conceptos y recomendaciones de la guía 2026 sobre síndrome cardio-reno-metabólico, con especial foco en aquellos aspectos de mayor relevancia para la práctica clínica cotidiana.


Definiciones y estadificación


El síndrome cardio-reno-metabólico (SCRM) se define formalmente como un trastorno sistémico caracterizado por las interacciones fisiopatológicas entre los factores de riesgo metabólico, la enfermedad renal crónica (ERC) y el sistema cardiovascular. Es un trastorno que provoca disfunción multiorgánica y un mayor riesgo de eventos cardiovasculares. El SCRM se puede clasificar en 5 fases:

• Fase 0: Persona sin factores de riesgo. Se propone este estadio para concientizar sobre el riesgo de desarrollar SCRM en el futuro, y favorece medidas de prevención primordial.

• Fase 1: Exceso o disfunción del tejido adiposo. Se define por la presencia de sobrepeso, obesidad o tejido adiposo disfuncional (expresado como resistencia a la insulina o pre-diabetes), sin otros factores de riesgo metabólico o ERC.

• Fase 2: Factores de riesgo metabólico, ERC o ambos. Incluye a individuos con hipertensión arterial, hipertrigliceridemia, síndrome metabólico, diabetes tipo 2 o ERC de riesgo moderado a alto (según la clasificación KDIGO).

• Fase 3: Enfermedad cardiovascular subclínica o equivalentes de riesgo. Se presenta en personas con factores de riesgo del SCRM que además tienen evidencia de aterosclerosis subclínica o pre-insuficiencia cardíaca (parámetros ecocardiográficos que indican aumento de la presión de fin de diástole del ventrículo izquierdo o disfunción sistólica precoz, o biomarcadores que muestran sobrecarga subclínica, como péptidos natriuréticos o troponina ultrasensible. También se consideran equivalentes de riesgo la ERC avanzada o un riesgo cardiovascular predicho a 10 años mediante las ecuaciones PREVENT >20%.

• Fase 4: Enfermedad cardiovascular clínica. Incluye a individuos que ya presentan enfermedades clínicas como cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular, enfermedad arterial periférica o fibrilación auricular. Este estadio se divide en:

>Fase 4a: Sin falla renal.

>Fase 4b: Con presencia de falla renal terminal (tasa de filtración glomerular estimada 15 mL/min/1.73m² o necesidad de terapia de reemplazo renal crónica).

Se deben considerar además los siguientes “potenciadores” que incrementan el riesgo de eventos en cualquiera de las etapas:

-Enfermedades inflamatorias crónicas o autoinmunes (p. ej., artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico, VIH/SIDA).

-Trastornos del sueño (p. ej., apnea obstructiva del sueño).

-Trastornos de la salud mental (p. ej., depresión, ansiedad).

-Factores de riesgo específicos por sexo (p. ej., menopausia prematura antes de los 40 años, complicaciones del embarazo, síndrome metabólico ovárico poliendócrino, disfunción eréctil).

-Determinantes sociales de la salud: Bajo nivel educativo, estrés financiero, situaciones de violencia, inseguridad alimentaria, entornos desfavorables, adicciones, etc.

-Inflamación sistémica: Proteína C reactiva ultrasensible elevada (≥ 2,0 mg/L, si se mide).

-Antecedentes familiares de diabetes o de ERC.

-Factores demográficos/genéticos: grupos con mayor riesgo (poblaciones del sur de Asia, indígenas americanos o isleños del Pacífico).

En línea con la recomendación anterior, se recomienda evaluar rutinariamente condiciones que se relacionan con un riesgo cardiometabólico aumentado, como pre-insuficiencia cardiaca, enfermedad metabólica del hígado graso (MASLD) y el síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS).


Diagnóstico y seguimiento del SCRM: pautas para la práctica clínica


Manejo integral: La obesidad y sus complicaciones, la enfermedad renal y la cardiovascular ya no deben verse como entidades separadas. El SCRM las conecta y permite un manejo interdisciplinario e integrado.

Diagnosticar adecuadamente la obesidad: En línea con las nuevas definiciones de obesidad de la Comisión Lancet, la AACE, EASO y ADA, se recomienda el diagnóstico de obesidad no sólo por el IMC, sino que se debe agregar al menos una medición antropométrica. En la guía que estamos analizando se habla sólo del perímetro de cintura, aunque en otros documentos sobre obesidad se consideran también a los índices cintura:cadera y cintura:altura, así como mediciones de grasa corporal total y segmentaria a través de bioimpedancia, antropometría o DEXA. Los puntos de corte de IMC y perímetro de cintura deben adecuarse según la etnia (por ejemplo, en personas de ascendencia asiática los puntos de corte son más bajos).

Evaluar rutinariamente la función renal: La enfermedad renal crónica (ERC) se define como un ClCr estimado < 60 ml/min/1.73m² y/o RAC > 30 mg/d. Se debe estadificar según la clasificación KDIGO.

El rol de las imágenes: La presencia de un score de calcio coronario (CAC) >100 se considera criterio suficiente para un SCRM fase 3. Si bien en las guías estadounidenses se menciona únicamente al CAC para la evaluación de ateromatosis subclínica, en nuestro medio no suele ser un estudio de fácil acceso. Existe una nutrida evidencia que relaciona a la presencia de placas detectadas por Eco Doppler carotídeo y femoral con mayor riesgo de eventos cardiovasculares. De hecho, las guías europeas de prevención cardiovascular consideran a la presencia de placa por ultrasonido para la estratificación de riesgo cardiovascular. Es por ello que, personalmente, considero que la detección de placas por Eco Doppler carotídeo y femoral es una herramienta muy relevante en nuestro medio, tanto por su accesibilidad como por su poder predictivo de eventos cardiovasculares.

Estratificar el riesgo cardiovascular: Estas guías recomiendan la herramienta PREVENT, pero se debe tener en cuenta que la ecuación se halla validada para la población estadounidense, y no debería aplicarse directamente en otros contextos hasta que se realicen estudios de validación. Esta ecuación reemplaza a la Pooled Cohort Equation utilizada en las guías anteriores de prevención cardiovascular. PREVENT incorpora, además de los factores cardiovasculares tradicionales, al IMC, ClCr, HBA1c y un índice de deprivación social.

Actitud proactiva: Se recomienda realizar el screening de SCRM desde la infancia y adolescencia, ya que emerge a temprana edad y progresa en la vida adulta. En niños, para métricas como la presión arterial y el peso corporal, se deben considerar los puntos de corte específicos basados en percentilos. Estudios epidemiológicos muestran una clara tendencia a la progresión en las fases del SCRM. Es por ello que se sugiere un seguimiento periódico, incluso en etapas tempranas. En personas con SCRM en fase 1, se sugiere reevaluación por lo menos cada 2-3 años para identificar tempranamente la progresión y poder realizar el tratamiento correspondiente. En fase 2 se sugiere evaluación por lo menos 1 vez al año.


Tratamiento en las distintas fases del SCRM


Los hábitos saludables son la base de la salud, y deben promoverse en todas las etapas del SCRM, incluyendo a la 0 (prevención primordial). Se recomienda seguir el modelo de los 8 esenciales de la AHA. Esto incluye una alimentación saludable rica en alimentos de origen vegetal mínimamente procesados, actividad física regular, un sueño de adecuada calidad y cantidad, y evitar el uso del tabaco. Para alcanzar estas metas es fundamental el trabajo interdisciplinario.

SCRM fase 1: El objetivo primordial es el descenso de peso. El objetivo inicial es de una pérdida de al menos 5-10% del peso inicial. El tratamiento debe tener su base en las medidas del estilo de vida y adicionar farmacoterapia según necesidad. Deben priorizarse las drogas que han demostrado beneficios cardiovasculares y metabólicos, como los aGLP-1. Se puede considerar la cirugía bariátrica en casos seleccionados. El documento resalta que, a precios actuales en los Estados Unidos, la adición de GLP-1 de forma rutinaria en SCRM fase 1 no es costo efectiva.

SCRM fase 2: En este estadio se recomienda la combinación de medidas del estilo de vida y farmacoterapia. Además de los tratamientos y objetivos terapéuticos recomendados en las guías correspondientes para dislipidemia, diabetes o hipertensión arterial, se pone énfasis en las drogas que han demostrado beneficio cardio-renal, como los iSGLT-2 y los aGLP-1. En personas con diabetes y SCRM fase 2, los iSGLT-2 se priorizan cuando existe ERC o pre-insuficiencia cardiaca, mientras que los aGLP-1 son de elección cuando existe obesidad severa, MASLD, o mal control glucémico.

En pacientes que presentan ERC se priorizará el uso de drogas que han demostrado reducir la progresión de la pérdida de la función renal y el riesgo de eventos cardiovasculares. Los inhibidores del sistema renina-angiotesina, como los iECA o los ARA, así como los iSGLT-2, son de primera elección en estos pacientes, y de hecho se recomienda su utilización en conjunto. Como segunda línea, se pueden considerar aGLP-1 y finerenona (antagonista no esteroide selectivo del receptor de mineralocorticoides).

SCRM fase 3: Estos pacientes son una población de prevención primaria pero alto riesgo CV, por lo que también se indica un tratamiento más agresivo con farmacoterapia, muchas veces combinada, además de las medidas del estilo de vida. Los objetivos terapéuticos se manejarán según las guías de práctica clínica de cada condición.

SCRM fase 4: Al igual que en la etapa 3, se debe consultar a las guías correspondientes para el manejo de las distintas condiciones (cardiopatía isquémica, enfermedad vascular periférica, ictus, etc.). Además del manejo farmacológico de cada condición, no se debe olvidar el manejo con intervenciones del estilo de vida. En pacientes con obesidad y SCRM fase 4 se priorizará el uso de aGLP-1. Si hay diabetes tipo 2, están indicadas tanto los AGLP-1 como los iSGLT-2, y se puede considerar su combinación. En presencia de ERC, los IECA/ARA son drogas de primera línea para reducir la progresión del daño renal y el riesgo de eventos CV.

La guía aborda con detalle el tratamiento de diversas comorbilidades, como insuficiencia cardiaca y sus distintos fenotipos, fibrilación auricular, MASLD, y SAOS, así como las consideraciones en poblaciones especiales. Invitamos al lector interesado a leerla para más detalles.


Conclusiones y comentario


El interés en la integración cardiovascular y metabólica existe hace muchas décadas, ya desde el concepto de “síndrome X” introducido en 1988, y posteriormente llamado síndrome metabólico. Los avances en el conocimiento fisiopatológico, el desarrollo de estudios científicos, y en las herramientas diagnósticas y terapéuticas permiten cada vez una mayor interrelación entre sistemas clásicamente pensados de manera aislada.

De la mano del aumento en la capacidad de almacenamiento y procesamiento de información, la ciencia de datos, las ciencias ómicas y la inteligencia artificial, creo firmemente que este camino de integración que hoy estamos experimentando en la medicina se profundizará cada vez más hacia una visión holística, entendida dentro del paradigma de la biología de sistemas, en la que el todo es más que la suma de sus partes. Es probable que los avances en el conocimiento pronto nos lleven a integrar otros sistemas, como el intestino, el cerebro y el sistema inmune, en nuevos síndromes, así como al desarrollo de nuevos métodos diagnósticos, nuevos fármacos, y una medicina más personalizada.

Es innegable la revolución que han supuesto para la medicina las terapias basadas en incretinas, ya que por primera vez contamos con una herramienta farmacológica muy efectiva para tratar la obesidad y sus complicaciones, que además reduce el riesgo de eventos cardiovasculares. Los efectos tan notables de esta familia de drogas han sido y son, sin duda, un gran estímulo para desarrollar esta guía. No obstante, no debemos perder de vista algo que enfatiza la guía en reiteradas ocasiones: la construcción de hábitos saludables es el pilar de la salud. Invito al lector interesado a leer mi artículo “En la era de los agonistas incretínicos… ¿sigue importando el estilo de vida?”.

Es un momento de grandes cambios y avances. Pero no debemos olvidar que el desafío de la medicina es, en definitiva, lograr que el conocimiento se traduzca en beneficios clínicos reales para la mayoría de las personas, y que pueda alcanzar a quienes más lo necesitan, sin aumentar las brechas de desigualdad existentes. En paralelo al desarrollo de nuevos medicamentos, el sistema de salud se debe enfocar en medidas para fomentar el acceso a alimentos de calidad, regular a la industria alimentaria, favorecer programas de actividad física y cuidar la salud mental.


Fuente: Intramed
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Publicó: Administrador