El fenómeno de la soledad no deseada afecta cada vez a más personas en Argentina y el mundo. Estudios alertan sobre sus graves consecuencias en la salud física y mental, mientras expertos analizan intervenciones para mitigar sus efectos.
La soledad no deseada constituye una preocupación creciente a nivel global y local. Este fenómeno, definido como la discrepancia entre la cantidad o calidad de relaciones sociales que una persona desea y las que realmente posee, genera efectos comparables al daño físico.
Investigaciones recientes muestran que puede equivaler al consumo de 15 cigarrillos diarios en impacto sobre el organismo. Además, incrementa en 32% el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares y en 29% la posibilidad de desarrollar enfermedades cardíacas.
La especialista indicó que “aumenta un 50 % las probabilidades de morir prematuramente y está asociada a la ansiedad y la depresión”. Además, pone al cerebro en un estado de hipervigilancia. “Una persona que se siente sola de forma sostenida puede ver amenazas incluso en situaciones neutrales”, precisó.

La relación entre la soledad, la salud y la calidad de vida
La soledad no deseada afecta diferentes áreas de la vida. Según Moreno, “tiene efectos acumulativos a lo largo de la vida en términos de trabajo y educación. Se relaciona con mayor ausentismo, menor desempeño escolar y una baja de productividad. No solo presiona el sistema de salud, sino que es un fenómeno que toca distintas aristas y por eso es un tema clave para el desarrollo”.
El sentimiento de soledad no siempre coincide con el aislamiento social objetivo. “Una persona puede estar rodeada de gente y sentirse sola porque percibe una brecha entre lo que desea y lo que tiene. O puede vivir en mayor aislamiento pero sentirse plena. Lo interesante es que este sentimiento, tan propio del ser humano, hoy se vuelve un problema colectivo”, señaló.
La tecnología y los “snacks sociales”
La vida digital y la hiperconectividad no garantizan relaciones profundas. Moreno explicó: “Estamos hiperconectados. Existe un claro problema de dependencia tecnológica. Los seres humanos somos animales sociales cuyo bienestar profundo depende de los vínculos que tenemos”.
Un estudio longitudinal sobre felicidad de la Universidad de Harvard, vigente hace más de 80 años detalla que “el bienestar profundo está muy atado al sentido de pertenencia y a tener vínculos con quienes compartir los buenos y malos momentos". El estudio se centra en las cualidades de nuestros vínculos, que son las que nos hacen sentir bien.
En relación a los hábitos digitales, Moreno afirmó: “Los snacks sociales son esas interacciones en el espacio digital que nos hacen sentir conectados, pero no suplen la necesidad profunda de poder contar con alguien de confianza con quien compartir un momento importante o difícil”. Si bien lo digital puede ser una herramienta útil, las soluciones que diseñan desde el programa evitan que reemplace el contacto físico y presencial.

Estrategias y soluciones internacionales
El PNUD rastrea iniciativas globales que buscan enfrentar la soledad no deseada. Moreno mencionó ejemplos: “Gran Bretaña extiende la práctica de prescripción social. Se receta a los pacientes actividades grupales, como yoga o canto, para crear rutinas significativas y conectar con otros. Hay variantes de prescripción social verde que impulsan actividades al aire libre”.
Al mismo tiempo, la adopción de mascotas y la promoción de pequeños gestos, como saludar a desconocidos en espacios públicos, también integran estas estrategias.
Moreno agregó: “Las habilidades sociales se pueden aprender y practicar. No existe un estado inmutable que condene a una persona a la soledad. Experimentos como ‘Extraños en un tren’, donde la gente conversa con desconocidos en el transporte público, muestran que esas pequeñas interacciones generan bienestar.”
En Argentina, la cultura promueve el intercambio social más que en otros países, pero el envejecimiento poblacional, la baja natalidad y los cambios en dinámicas tecnológicas y laborales constituyen desafíos. Moreno resalta: “Estamos insertando el tema en una agenda del PNUD, presente en más de 170 países, para anticipar señales tempranas de cambio antes de que sean tendencia.”

Señales de alarma y la importancia de hablarlo
Es fundamental reconocer síntomas de soledad problemática. “La soledad funciona como una alarma biológica, igual que el hambre o el dolor físico. Si sentís vacío o angustia duradera, ese malestar es un indicador”, señaló Moreno. En algunos países, las redes de voluntarios llamadas “antenas” o “radares” detectan en la comunidad a personas vulnerables, facilitando la intervención temprana.
Sobre la dificultad de abordar a alguien en situación de soledad, Moreno sostuvo: “El primer paso es hablar del tema. Romper el estigma es clave. Las estrategias de sensibilización promueven que las personas estén proclives a dar ese primer paso para reconectarse".
A nivel mundial existen prácticas simples y replicadas, como los “bancos para charlar” en plazas. Moreno los describe: “Son bancos identificados por un color o un signo. Quien se sienta allí está predispuesto a conversar con desconocidos. Buscamos iniciativas replicables y evaluadas, y en Argentina existen experiencias en educación no formal y actividades comunitarias que pueden adaptarse”.
Para más información, Moreno invita a seguir al PNUD Argentina en sus redes: @PNUDArgentina.